El maestro
y Margarita 

by Carolina Feijóo






Una historia de brujas...


La historia que voy a contaros es una historia de brujas.

¿Cómo conseguimos discernir si los actos que llevamos a cabo son “buenos” o “malos”? ¿Dónde se esconde a la vista la línea que separa los principios éticos y morales de los que no lo son? ¿Por qué el Diablo suele venir a hablar con nosotros más que Dios?

En la década de los 30, en la mente de un gran escritor, el diablo visitó Moscú; un Moscú que terminaba de asentarse en el nuevo orden comunista tras la revolución bolchevique de 1917. No es que se pareciese demasiado al comunismo que hemos estudiado, pero se supone que así era.

El diablo llegó presentándose con el nombre de Voland el mago, y, junto a él, varios de sus demonios secuaces, véase Fagot; Behemont, el gato gigante; o Azacello. Juntos provocaron los mil desastres en unos días.

Esto es una historia de brujas.


Fueron mil desastres porque la gente entró en una espiral de histeria, drama y locura (en algunos casos de manera literal), pero a algunos les podrían haber parecido, más bien, una serie de lecciones drásticas de, sobre todo, humildad, un castigo a la avaricia y la prepotencia. Era una sociedad comunista, debían de actuar como tal.

El frenesí de lo inexplicable lleva al internamiento de uno de los personajes en un manicomio, donde conoce a uno de los responsables del título de la novela: El maestro.

El maestro es un personaje que se interna en un manicomio de forma voluntaria al tener su propia experiencia con Voland, a pesar de que no se conocieran de manera directa. Era un escritor frustrado al que la comunidad de intelectuales de Moscú no daba ningún crédito.
Pero la historia que voy a contaros es una historia de brujas.

Por lo tanto, el maestro quema el manuscrito de su obra acerca de Poncio Pilatos porque a los intelectuales rusos no les gusta y abandona a su amor, Margarita, debido a su fracaso y a sus crecientes problemas de ansiedad.

En un atisbo de lo que podría haber sido la introducción del segundo personaje que da título a la novela, esta desaparece junto a la cordura del maestro.

Antes de que lo descrito pueda ocurrir realmente, habría que introducir un poco más la figura del mago Voland. El diablo en persona. Si bien la picaresca de su carácter le delata, no es menos cierto que es un personaje venido a menos, carcomido por la falta de fe que la humanidad
tiene en el. Para que una idea pueda existir, alguien debe de creer en ella.

Y ahí está uno de los temas más centrales de la novela. Pasaje a pasaje, empezamos a ver la figura del “mal” con otros ojos. El mismísimo Satanás casi no se tiene en pie y la sociedad que visita está podrida por el vicio humano, que él mismo denuncia a través de sus malévolos actos junto a sus secuaces.

Todo esto debe llegar a su clímax en la fiesta de primavera del diablo, un evento anual que se celebra en honor a las almas más célebres que residen en el infierno. Pero para que esta reunión sea posible, el diablo necesita una acompañante.

Pero os he dicho que esta es una historia de brujas, y es aquí donde podemos empezar a verlo, es el momento en el que podemos volver a encontrarnos con Margarita.


Ella es una muchacha bondadosa, dividida entre la devoción que se supone que debe sentir por su marido y el amor que profesa a su amante, el maestro.

“Es el momento de tomar una decisión respecto a la oferta de Satanás, convertirse en bruja y aceptar el mal en su interior o seguir con su desoladora vida”


Desdichada por el abandono del segundo, Voland la escoge como su acompañante en la fiesta de primavera. Al principio ella se resiste, no es que sea fácil encontrarse cara a cara con el diablo en persona, más de uno acabó en un psiquiátrico. Sin embargo, es el momento de tomar un decisión respecto a la oferta de Satanás, convertirse en bruja y aceptar el mal en su interior o seguir con su desoladora vida. Acepta.
Margarita ya nunca podrá volver a ser la misma que era antes. Al aceptar su lado oscuro, catalizado por Voland, se libera hasta de su ropa y, en un evocador pasaje en el que vuela sobre Moscú, Margarita es libre y ella misma en su totalidad. Sin embargo, todo esto viene con una condición: Voland debe liberar al maestro.

Después de la fiesta, el trato se cumple. El maestro, Margarita, Voland y sus secuaces cabalgan por el cielo a lomos de caballos con la luna llena como su luz guía. Es el momento de la despedida.

Tras decir adiós y gracias, los demonios se muestran tal y como son para volver a su mundo, un grupo de seres destrozados por el tiempo y la amargura de la sociedad, la cual arde en la ciudad debido a la perversión de sus almas, la hipocresía de sus corazones. Pero no la bruja, ella no arde porque se ha aceptado a sí misma, y ha conseguido liberar al amor de su vida con ella.

Carolina Feijóo

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